Adrián no logró quitarse de encima los dos guardaespaldas que lo retenían.
A unos pasos de distancia, Lorena se soltó de la mano de César y caminó sola hacia el carro estacionado al borde de la acera.
Clara, de pie junto a la puerta, la abrió con respeto.
—Señorita Lorena, por favor, suba.
Lorena entró en el auto, donde el aroma del perfume masculino de César impregnaba el aire, haciéndola sentir náuseas y malestar.
César la siguió de cerca y subió al coche tras ella.
Clara cerró la puerta y, al