—Está bien, si tú puedes hacerlo, no me meto. Tengo que dar vueltas en las habitaciones, así que mejor me voy con Marina a trabajar —dijo Ricardo, empujando el carrito con una mano y tomando a Marina de la otra.
Marina, molesta, soltó su mano.
—Si tienes que trabajar, ve y trabaja, ¿por qué me traes? ¡Yo tengo que quedarme con mi hermana!
La voz de Marina se fue alejando mientras Ricardo la sacaba de la habitación.
—Ricardo, ¿les estás dando otra oportunidad a esos dos? —se dio cuenta Marina cua