Esa noche, en el estacionamiento subterráneo.
María alcanzó a escuchar su celular sonar, pero Teresa, con un movimiento rápido, la jaló directo al carro.
María gritaba, pataleaba, con la esperanza de que alguien la oyera. Pero no le sirvió de nada. Teresa la golpeó con una llave de mecánico. ¡Y María no aguantó ni un golpe! Ni siquiera necesitó mucha fuerza para noquearla...
Tuvo que meterla al maletero y limpiar toda la sangre. ¡Qué fastidio! Ni muerta dejaba de ser un problema.
Mientras maneja