—Ricardo, qué bueno que llegas justo a tiempo. ¿Puedes revisar cómo está mi hermana? ¿El veneno le afectó los ojos? ¿Puede usar el teléfono? —dijo Marina, mirando a Ricardo mientras le lanzaba una mirada cómplice a Perla.
Ricardo no pudo evitar sonreír al acercarse. ¿No se daba cuenta de lo tierna que se veía con esa expresión?
Le llegaba directo al corazón.
Se acercó y le revolvió el cabello a Perla, con una sonrisa llena de cariño:
—¡Todo bien!
Perla los miró, sorprendida por la escena tan me