Alba
El jet aterriza suavemente en la pista privada, tragado por el silencio de este mundo que nunca duerme pero sabe ser discreto.
Sin paparazzis ni curiosos.
Solo el ruido amortiguado de los motores, el aliento pesado de la noche y la luz cruda de los focos sobre el asfalto.
Ese tipo de noche en la que todo parece suspendido, demasiado tranquilo, demasiado nítido.
Estoy aquí, erguida, inmóvil, como una estatua de vidrio negro.
Un abrigo largo, estructurado, cerrado hasta la garganta. No por p