Ver a Maximiliano y a esa insípida de Clara tan... acaramelados... me provocaba arcadas. Las estúpidas sonrisas que se daban, esas miraditas de corderos degollados, la burbuja asquerosa de felicidad que los envolvía... era una afrenta directa a mi y lo que siempre debió ser.
Él fue mío primero.
Mucho antes de que Ricardo apareciera en escena, antes de que mi ingenuidad me llevara a creer que si iniciaba una relación con su primo le generaría celos que lo harían querer formalizar nuestra relac