El día de nuestra boda amaneció con una luz dorada que se filtraba por las ventanas, como si el propio sol quisiera celebrar nuestro nuevo comienzo. Fue una ceremonia sencilla, íntima, rodeada de las personas que amábamos. Sentí una punzada especial de emoción al ver a mis padres llegar desde Venezuela, la noche anterior, sus rostros llenos de alegría y un palpable alivio. Elena, la madre de Max, me abrazó con calidez, sus ojos brillando de felicidad por nosotros. Andrés, el hermano de Max, me