La estrategia de evasión total que había implementado parecía tener la misma efectividad que un paraguas de encaje en un huracán. Los encuentros "casuales" con Maximiliano se habían convertido en una rutina inquietante. Aparecía en mis lugares favoritos para tomar café, en la librería a la que iba los sábados, incluso sospeché verlo un par de veces cerca de mi oficina. Era como si llevara un radar personal para detectarme.
La gota que colmó el vaso fue la "sorpresa" de Elena en un brunch al que