La habitación de Joe estaba envuelta en una oscuridad protectora, solo rota por el resplandor de la chimenea que proyectaba sombras danzantes sobre las paredes de madera. Abigaíl y Joe se recostaron, sus cuerpos trenzados bajo las mantas pesadas, pero sus mentes seguían viajando a cientos de kilómetros, a la fría y despiadada Ciudad, donde el 51% del Grupo Briston esperaba.
Joe acariciaba el cabello de Abigaíl, el silencio era denso con las palabras aún resonantes de Roberto. "Me culpo por cómo