Capítulo XXX: El Contraste de la Tranquilidad.
El aire en Iron River era gélido, pero la casa de Joe estaba llena de una calidez reconfortante. Había pasado la mañana revisando los últimos detalles del rancho, asegurándose de que Peter tuviera todo bajo control. La visita del abuelo, Roberto Briston, lo obligaba a dejar el corazón de su refugio, pero lo hacía con una ligereza que no había conocido en años. Llevaba la esperanza de Abigaíl, su ancla recién descubierta.
Joe había dejado todo listo en el rancho, los últimos fardos apilados, las cuentas cerradas. Por un momento, sintió el impulso de posponer todo, de quedarse allí, donde la única preocupación era la escarcha matutina. Pero la realidad era ineludible. Por la mañana debía irse a La Salle, la ciudad más grande, donde se llevaría a cabo una muestra de caballos que había estado ayudando a organizar, y era en ese mismo lugar y evento donde también recibiría a su abuelo.
Pero antes de enfrentarse a la tempestad familiar y a los ojos críticos de Roberto, vería a Abi.
Montó su