Una semana había transcurrido desde que se selló el pacto del silencio en Iron River. La atmósfera en el rancho había mutado de una tensión defensiva a una actividad febril, pero alegre. Joe había dispuesto que el granero principal fuera limpiado y decorado con guirnaldas de luces blancas y flores silvestres que crecían cerca del arroyo. No habría orquestas, ni alfombras rojas, ni prensa; solo el sonido del viento del desierto y la presencia de aquellos que habían arriesgado todo por su lealtad