La clínica de La Salle olía a antiséptico y a esa falsa calma que precede a las noticias que cambian la vida. Perla se detuvo frente al espejo del baño del vestíbulo, retocando su labial rojo. Llevaba un vestido de seda que acentuaba su incipiente vientre, una armadura de maternidad diseñada para evocar lástima y deseo a partes iguales. Se dijo a sí misma que hoy sería el día; hoy Joe vería la "realidad" de su hijo y la culpa lo doblegaría.
Joe la esperaba en la sala de espera privada, sentado