El aire de Big Fork era distinto al de la ciudad; era un aire que no pesaba, que sabía a pino, a tierra húmeda y a esa libertad que Clara había olvidado que existía. Cuando la camioneta cruzó el arco de madera de Iron River, el silencio del bosque pareció tragarse el ruido del mundo exterior.
Abigail conducía con las manos apretadas al volante. A su lado, Clara observaba el paisaje con una mezcla de fascinación y terror. Era como si, al cruzar esa frontera invisible, estuviera entrando en un sa