El aire dentro de la antigua casa de Arthur era denso, impregnado de un olor a humedad y al perfume floral, ahora rancio, de Linda. Los pasos de Arthur resonaban en el parqué desgastado, cada crujido una advertencia, cada sombra un recuerdo de la vida que una vez intentó construir allí y que su madre se había encargado de dinamitar.
En la penumbra del salón principal, una figura se recortaba contra la luz de la luna que se filtraba por las cortinas raídas. Linda estaba de espaldas, sentada en u