La comisaría de Delies City vibraba con un murmullo incesante esa madrugada. Teléfonos sonaban, radios crepitaban, oficiales caminaban con café en vasos descartables y rostros pálidos de sueño. Afuera, la tormenta había regresado, batiendo los ventanales con ráfagas de lluvia que parecían querer romperlos.
Tomás se abrió paso por el pasillo con el ceño fruncido. Detrás venía Elizabeth, revisando su celular con la linterna encendida para leer mensajes de último momento. Ambos caminaban a paso rá