El departamento de Tomás estaba casi en penumbras, salvo por el brillo azul del televisor encendido sin volumen. El noticiero local mostraba imágenes de un choque en las afueras de Delies City, cuerpos cubiertos con mantas metálicas y policías tomando notas. Otro día normal en esa maldita ciudad.
Tomás estaba recostado en el sillón, con una botella de whisky medio vacía sobre la mesa ratona. Tenía la camisa abierta, el revólver sobre un periódico viejo, listo para ser tomado al menor ruido. Un