La puerta chirrió apenas Tomás la empujó con cautela. El interior de la casa era oscuro, con las cortinas cerradas y un leve olor a humedad mezclado con tabaco viejo. El hombre mayor, el mismo que le había dejado el sobre con pistas la noche anterior, lo esperaba en la penumbra, sentado en un sillón raído junto a una lámpara encendida a medio brillo.
—Pasa, muchacho… Cerrá la puerta —dijo con voz ronca.
Tomás obedeció, manteniendo una mano cerca de su arma. El viejo no parecía peligroso, pero d