Cerré la puerta de la sala de juntas con tanta fuerza que el golpe resonó en todo el pasillo.
No me importó.
Cada paso de regreso a mi oficina fue una declaración de furia contenida. Los empleados se apartaban al verme pasar, algunos fingían estar ocupados, otros ni siquiera se atrevían a levantar la vista.
Máximo La Torre.
Arrogante, soberbio, insufrible.
Cada palabra suya seguía rebotando en mi cabeza como un eco que no podía apagar.
Cuando llegué a mi oficina, arrojé la carpeta sobre el escr