Capítulo 24

El trayecto de regreso al chalet fue silencioso.

El motor del auto rugía suavemente mientras la carretera se abría frente a nosotros, envuelta en esa calma que solo tiene la noche.

Yo mantenía la vista fija en las luces lejanas, pero mi mente no dejaba de reproducir cada palabra de la cena, cada mirada que había cruzado con él.

Cuando llegamos, el aire fresco del lugar me recibió como un suspiro.

Empujé la puerta del chalet y lo primero que hice fue quitarme los tacones. Mis pies agradecieron el contacto con el suelo frío, como si necesitara sentir algo real después de tantas horas de contención.

El silencio era absoluto, roto solo por el leve murmullo del viento afuera. Caminé hacia la cocina, abrí el refrigerador y tomé una botella de agua. Bebí un sorbo largo, intentando calmar el temblor leve que todavía tenía en las manos.

Empecé a subir las escaleras lentamente, sosteniendo la botella con una mano y el vestido con la otra. La seda roja rozaba mis piernas en cada paso, recordándo
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