El trayecto de regreso al chalet fue silencioso.
El motor del auto rugía suavemente mientras la carretera se abría frente a nosotros, envuelta en esa calma que solo tiene la noche.
Yo mantenía la vista fija en las luces lejanas, pero mi mente no dejaba de reproducir cada palabra de la cena, cada mirada que había cruzado con él.
Cuando llegamos, el aire fresco del lugar me recibió como un suspiro.
Empujé la puerta del chalet y lo primero que hice fue quitarme los tacones. Mis pies agradecieron e