Mi vestido desapareciĂł el en desespero de sus labios contra los mĂos. Desabroche su pantalĂłn y en cuestiĂłn de segundos quizás, estábamos desnudos sintiĂ©ndonos.
Máximo beso mi cuello y cada caricia me hacĂa sentirme menos apenada, menos nerviosa por lo que iba a suceder. Máximo se alejĂł unos centĂmetros y sacĂł de la mesa de noche condones. Lo llevĂł a su boca y rompiĂł el empaque, se lo colocĂł y en ese mismo instante me sentĂ aĂşn más nerviosa, sus labios volvieron de inmediato al mĂo y sus manos guiaron mis caderas, me alzo un poco y entonces sucediĂł. Mis uñas se enterraron en su espalda expuesta, reprimĂ la sensaciĂłn tan horrenda que sentĂ, cerrĂ© los ojos con tantas fuerzas que me doliĂł.
—Estás demasiado estrecha— SusurrĂł en oreja, mientras movĂa sus caderas lentamente.
MordĂ mis labios y respirĂ© por la boca, no recordaba aquella vez, menos como se sentĂa, no fue si fue igual o peor pero lo cierto era que la sensaciĂłn de ardor y dolor no era para nada cĂłmoda. Máximo sin detenerse se