El día parecía fluir con calma.
Después de todo lo ocurrido, me prometí mantener la mente fría. La oficina estaba silenciosa, apenas interrumpida por el sonido constante de las impresoras y el tecleo de los diseñadores. El aroma a café recién hecho llenaba el ambiente, y las grandes ventanas dejaban pasar una luz suave que iluminaba mi escritorio repleto de planos, marcadores y maquetas.
Me había vestido con un jeans negro ajustado, un top del mismo tono, tacones de punta y una cartera al juego