Elena despertó sobresaltada, el corazón latiéndole con fuerza en el pecho. La oscuridad de la habitación la envolvía como un manto, pero el terror del sueño aún persistía en su mente. Sintió los brazos fuertes de Darian apretarla con más fuerza contra su cuerpo, susurrándole al oído palabras tranquilizadoras.
—Ya estamos en casa, mi amor —le dijo Darian, con voz suave y melodiosa—. Ya estás a salvo.
Elena se aferró a él, buscando refugio en su calor y su protección. Poco a poco, el miedo comenz