El choque entre los lobos del Sur y los soldados de Héctor fue un torbellino de furia y acero. Los guerreros de Ilai, curtidos en mil batallas, embestían con la fuerza de la naturaleza, sus garras y colmillos desgarrando la carne y el metal. Los mercenarios, bien entrenados y armados hasta los dientes, ofrecían una resistencia feroz, pero la ferocidad de los lobos era imparable.
Ilai, transformado en una bestia imponente, lideraba la carga. Sus aullidos resonaban en el bosque, inspirando a sus