El asfalto se extendía como una cinta oscura, un camino implacable que serpenteaba entre las montañas coronadas de nieve. El silencio dentro del vehículo era denso, opresivo, solo interrumpido por el ronroneo constante del motor y el susurro insistente del viento al golpear las ventanas. Elena y Darian ocupaban los asientos delanteros, dejando atrás un hogar deshecho, una familia fracturada y un pasado que se resistía a soltarlos. Rurik los seguía de cerca en su motocicleta, una sombra vigilant