Laykan sintió que su mundo se venía abajo. Ver a Elena con esa mirada vacía, haciendo lo que Héctor le decía, le quemaba por dentro. El aullido que soltó no fue solo de pelea, sino un grito de dolor, como si su corazón se rompiera en mil pedazos. No pudo evitarlo, su lobo interior tomó el control para defender a la persona que más amaba.
Los lobos que lo rodeaban, que eran leales a él, sintieron su furia. Laykan, convertido en una bestia de músculos y rabia, los atacó con todas sus fuerzas. Sus