El silencio de la noche parecía envolverlos como un manto. Las estrellas brillaban con intensidad en el cielo despejado, y la luna, enorme y plateada, observaba desde lo alto como una testigo silenciosa del destino que acababa de sellarse dentro de esas paredes.
Elena mantenía la cabeza apoyada en el hombro de Darian mientras descendían las escalinatas de piedra. Sus pasos resonaban fuertes, pero dentro de ella todo era un torbellino: rabia, dolor, confusión… y una extraña fuerza que Nix agitab