El silencio de la noche en la manada del Sur era profundo, interrumpido solo por el canto lejano de un búho y el murmullo del viento entre los árboles. Elena dormía a medias, enredada entre las sábanas, cuando la oscuridad de sus párpados se tiñó de imágenes que no parecían simples sueños.
Vio un claro iluminado por antorchas. El aire estaba cargado de tensión y las voces graves resonaban como ecos distantes. Frente a ella, un hombre de rodillas suplicaba con desesperación. Sus hombros anchos t