Darian miró a Elena con atención, percibiendo la inquietud que se escondía en sus ojos. La noche ya había caído sobre el pueblo, y la luna llena colgaba en lo alto como un testigo silencioso. Tras un instante de silencio, suspiró con resignación y dijo:
—Guianos.
Los hombres se inclinaron de inmediato, mostrando respeto. Darian abrió la puerta del coche para que Elena subiera primero, y cuando se acomodó detrás del volante, murmuró en voz baja, lo suficientemente cerca para que ella lo oyera.
—