El eco de sus pasos se desvanecía a medida que avanzaban por los pasillos silenciosos de la residencia. Las antorchas apenas iluminaban los muros de piedra, proyectando sombras que parecían moverse con vida propia. Elena caminaba junto a Darian, aferrada con fuerza a su brazo, como si de pronto el aire se hubiera vuelto demasiado pesado.
—Wow… creo que no me siento bien… —murmuró con voz apagada, apenas alcanzando a sostenerse.
Antes de que Darian pudiera preguntar, sus ojos se cerraron y su cu