El salón se había convertido en un campo de batalla invisible. Nadie alzaba la voz, pero el aire estaba cargado de tensión, como si las paredes contuvieran un huracán que en cualquier instante podía desatarse. El abuelo de Darian permanecía de pie en la entrada, con la mirada fija en su nieto, los ojos encendidos de una mezcla de ira y desconcierto. Sus palabras habían caído como un trueno: “¿Qué acabas de decir?”
Antes de que Darian pudiera responder, Elena dio un paso al frente. Sus piernas t