(Punto de Vista de Irina Volkov – 9 de enero, algún lugar bajo el mar Báltico)
El silencio en el submarino es absoluto.
Solo el zumbido bajo de los motores diesel-eléctricos y el latido constante de mi propio corazón. Estoy sentada en mi camarote privado, paredes de acero gris, una única lámpara roja que tiñe todo de sangre. Frente a mí, sobre la mesa de acero inoxidable, hay tres fotografías impresas en papel mate.
La primera: Nastya sonriendo el día que cumplió diecisiete, con su primer rifle