(Punto de Vista de Catalina – 38 semanas de embarazo – finales de marzo)
La primavera llegó a Sicilia como una explosión de almendros en flor y olor a azahar.
Mi barriga era ya un planeta propio. Caminaba como un pato armado y dormía sentada porque si me tumbaba del todo el bebé usaba mis costillas de portería de fútbol.
Dario se había vuelto insoportable de lo protector que estaba:
Dos ginecólogos privados viviendo en la fortaleza.
Ecografías cada tres días.
Un quirófano móvil instalado en el