En Berlín no se dormía, la noche parecía solitaria, las luces de los faroles titilaban, y Dario Mancini estaba dispuesto a proteger lo que para la era suyo, no tanto su legado en la mafia, ni el respeto de sus socios, lo más importante para Dario era Catalina.
No se la había podido sacar de la cabeza, con 24 años esa mujer lo estaba volviendo loco, no sabía cómo había terminado enamorado de esa mujer, pero estaba dispuesto a terminar con todo con tal de verla libre y sentirla feliz, pero más q