~ Punto de vista de Darío.
Catalina Moretti.
Ese nombre me pesaba en el pecho como una maldición y una plegaria al mismo tiempo. Desde que la vi por primera vez, supe que estaba perdido. No era un simple deseo; era una obsesión que se me incrustó en la piel como hierro candente.
La gente confunde el amor con ternura, con gestos dulces y sacrificios silenciosos. Yo no conocía nada de eso. Lo mío era hambre. Posesión. Una necesidad tan visceral que rozaba la locura.
Catalina no era un capricho. N