La biblioteca estaba casi vacía a esa hora. El silencio reinaba entre los estantes, roto solo por el paso de las páginas y algún suspiro cansado de estudiantes. Catalina trataba de concentrarse en sus apuntes, aunque su mente seguía atrapada en el beso que Dario le había robado horas antes.
Sentía los labios aun ardiendo, y lo odiaba. Odiaba que un hombre que la aterraba tuviera el poder de encenderle la piel con un simple roce.
Movió la cabeza, molesta consigo misma, cuando la silla frente a e