Mundo ficciónIniciar sesiónEl mundo de 1914 se había desangrado en una vorágine de hierro y fuego. Los periódicos que llegaban a la Mansión Filipo-De la Croix, ya con titulares grabados a sangre sobre la movilización total, se amontonaban sin ser leídos. La declaración de guerra de Austria a Serbia, las invasiones alemanas y la brutalidad de las trincheras que se extendían por Francia eran apenas un eco lejano para las Matriarcas, sumidas en su propia guerra biológica contra el tiempo.
El Reloj Quebrantado de las MatriarcasLa mansión, con sus lámparas de gas titilando en los largos corredores, era un santuario de la decadencia. Maria Filipo-De la Croix, a sus doscientos años de vida cronológica, parecía una anciana de un milenio. Su piel, antes pálida y tersa, era un mapa de arrugas profundas y manchas oscuras, como si la misma tierra se la estuviera reclamando. La tos, antes ocasional, se había convertido en un rugido ronco y constante que a veces terminaba en pequeños hilos de sangre en su pañuelo






