Julieta
Damián se había ido por un buen tiempo. Arístides había estado conmigo un buen rato mientras yo le anotaba todas las recomendaciones y una lista, por si podían conseguir medicamentos. Me habían llevado a un lugar para bañarme y me dieron un vestido rasgado, pero sabía que era el mejor que tenían.
—No te van a dejar ir —me dijo el anciano en la celda de al lado, cuando el silencio se hizo muy pesado.
—¿Por qué lo dice?
—Los ayudaste, te hiciste útil. Y algo que nunca debes hacer con gent