Julieta
El sabor es sublime el beso de Damián glorioso e imposible. Cuando respondí mordiendo suavemente sus labios, escuché un rugido en su pecho y su lengua entró en mi boca. Sus manos en mi trasero me aprietan más contra él. Siento su cuerpo duro, me sostengo en sus hombros cuando él me levanta para sentarme en la mesa y se colocó entre mis piernas.
—Tu cabello rizado, esos ojos castaños, tu piel dorada…eres mi sueño hecho realidad Julieta.
Mis dudas se evamporan. Se supone que soy una mujer