Julieta
La mujer frente a nosotros era otra cosa. Las uñas de sus manos eran oscuras, llevaba collares de madera y piedras. Era hermosa: todo en ella irradiaba tonos cálidos, como si el sol del atardecer se apoderara de un paisaje de colinas y árboles. Olía a tierra húmeda.
—No maneja el fuego, sino que lo usa como elemento complementario —comenté a Eva.
—¡Grandioso! Con un solo elemento basta —gruñó ella entre dientes.
—Bueno, dije vampiros y lobos. Pero hay algo más, ¿no? —preguntó, mirando