Eva
La estúpida hechicera sonreía con esa suficiencia que me daba ganas de arrancarle los dientes de una bofetada. Había recitado su tonto mensaje destinado a unos lobos que tampoco nos interesaban, y comenzó de nuevo su función atroz.
¡Aquí vamos otra vez!
La tierra tembló, y un remolino de rocas y polvo se formó con un rugido atronador. La mujer levantó los brazos y lanzó el torbellino hacia nosotros con la furia de una montaña desatada. Me cubrí con las manos. No tuve tiempo de reaccionar cu