Julieta
—¿Qué los herejes qué? —pregunté.
Estas últimas horas habían sido un caos y no había podido dormir bien. Para ser sincera, no lo hacía desde hacía un tiempo: tenía pesadillas, extrañaba a mi alfa. No cansaba de repetirme que debí besarlo más, amarlo más. Por momentos, la angustia subía por mi cuerpo como una planta trepadora, ahorcándome. Temía por él, me hacía tanta falta que no podía respirar.
Pero la ciudad me necesitaba, él me necesitaba. Había tantos que trabajaban con nosotros pa