Ambas mujeres se quedaron completamente inmóviles. El sonido de unos nudillos golpeando con firmeza el marco de la puerta abierta rompió la tensión, seguido de una voz inconfundiblemente neutra, educada y carente de cualquier emoción.
—Señorita Harper. Disculpe la intromisión.
Era Peter. Alisson tragó saliva, pasándose rápidamente las manos por debajo de los ojos para borrar cualquier rastro de lágrimas. Salió del cubículo con paso vacilante, cruzando los brazos sobre su pecho para ocultar la e