Las pesadas puertas del baño de mujeres se cerraron tras Alisson, cortando de golpe el murmullo atónito del piso creativo. Apenas estuvo a solas, el último hilo de cordura que la sostenía se rompió. Corrió hacia el cubículo más grande, el del fondo, cerró el pestillo con manos que temblaban como hojas secas y se dejó caer contra la puerta.
El frío del café helado penetró a través de la blusa de seda, adhiriendo la tela a su piel y marcando de manera peligrosa la curvatura de su vientre. El olor