Mundo ficciónIniciar sesiónRoma es donde se encuentra el vaticano, un lugar sagrado y venerado. Ahora, Roma Bruno Duarte; es sagrada y venerada, por el pecado que representa toda ella, por lo mucho que le gusta lo pecaminoso y porque parece un demonio, disfrazado de ángel. Una noche, solo era una noche para ahogar su dolor en alcohol, Adrián solo deseaba olvidar y ella apareció como ángel, que lo envolvió y lo hizo pecar, rompiendo su juramento a lo que siempre amó. Intentó resistir, negar, negociar con la razón, mas no pudo detener la pasión que ella despertó en él, como un fantasma que regresa de la muerte, revivió ese Adrian que él juró enterrar. ¿Podrán resistir cuando sus caminos se encuentren mostrando lo pecadores que son? ¿Podrán luchar con los fantasmas del pasado y aceptar el amor? Y lo más importante: ¿Podrán ignorar la llama ardiente que hace polución cuando se encuentran los dos? "Porque aunque me llame Roma, yo nací para ser una pecadora"
Leer másPov: Roma Bruno Duarte
— Roma, dime que puedes cubrirme esta noche —Grecia, mi hermana menor por un año, entra a mi habitación sin tocar. — Lo siento, Greci, no puedo, hoy tengo cosas que hacer —resopla. — ¿Sigues en ese club? —asiento mientras guardo mi ropa dentro de mi mochila. — Dile a Vene, ella seguro está libre —mi hermana se queja. — Odio esto, haré huelga o algo, papá se está pasando con esto —me carcajeo. — Anda, haz huelga, la universidad la paga él, nuestra comida, necesidades. Imagina trabajar para pagar todo eso, sería más difícil aún —cuelgo mi mochila al hombro. — Él cree que puede manejar nuestra vida, piensa que así evitará que no estemos con chicos —apoyo mi mano sobre su hombro. — Él cree, no sabe. Ya sabemos cómo manejarnos, mientras no traigamos un novio a casa todo estará bien. Ahora relájate, piensa una excusa y no me delates con esa enorme bocota floja que tienes, hermanita —hace un puchero. — Suerte y espero folles, además de ganar dinero —suspiro. — Eso espero, últimamente no encuentro a nadie que se me acomode, nadie que me deje tonta y deseando más, eso quiero. Reza por mí, Greci, para que encuentre alguien que reviva mi fe en el sexo y los hombres —salgo riendo y bajo las escaleras apresurada, solo debo pasar esa puerta sin… — Roma, hija —papá me vea. — Papi, tengo prisa, quedé con Clarisa, hoy haremos pijamada —se acerca y besa mi frente. — De acuerdo, esta semana ya has ido muchas veces a su casa. ¿Ella con quien vive? —sonrío. — Sola, papi, su papá trabaja mucho, está por volver o creo ya lo hizo. No me hagas interrogatorio, papá, veremos películas y comeremos palomitas —frunce el ceño. — Está bien, solo te cuido, hija —beso su mejilla. — Descuida, solo iré a dormir a casa de mi amiga, como siempre —salgo antes de que siga preguntando. — Cuídate —asiento escapando. Papá es el hombre más celoso y controlador que he conocido en mi vida, nos cela casi tanto como a mamá, aunque pobre de mamá, porque ese hombre no deja que respiren cerca de ella otros hombres. Mamá no es una santa por supuesto, solo que ella no está empecinada en creer que con 20 años sigo siendo virgen. Mi papá no quiere que nosotras tengamos vida sexual, es capaz de mandar a golpear a todo el que tenga intenciones con cualquiera de nosotras. Es un pesado. Lo amo, sin embargo, papi es un intenso que nos obliga a mentirle. El trato es que, él paga universidad y todas nuestras necesidades básicas, mientras no trabajemos. Pequeño detalle, el dinero que él nos da nos lo controla demasiado, porque es su dinero al fin y al cabo. No hoteles, no citas, no bares y club. Y ahí es donde surgió todo esto, mentir constantemente para hacer lo que nos venga en gana, en mi caso trabajo en un club, bailo Pole Dance. Gano lo suficiente para salir de fiesta, pagarme el hotel si decido que quiero follar con alguien y para hacer lo que quiera sin que mi padre se entere. No es un pecado lo que hago, o quizás sí y pecar es divertido. Desde niña fui a escuela religiosa, en la secundaría papá nos mandó a una escuela solo de chicas, con monjas y todo eso. Aprendí mucho, que todo es pecado y que cuanto más pecaminoso parezca una acción, más deseo hacerla. Puede que solo sea rebeldía, mas yo pienso que estoy hecha para romper las reglas, para vivir en el pecado. ……. Tomo el tercer shot de tequila antes de que sea mi turno, no he practicado nada y para no sentir la presión de ser perfecta, porque me gusta serlo. Beber ayuda a que todo me valga m****a. — ¡ROMA, TE TOCA! —meto en mi boca una rebanada de limón y de camino al telón que divide los vestuarios del escenario lo tiro en un cesto. — Hoy está lleno, recaudaremos mucho —expresa mi compañera. — Espero estén muy ebrios, porque no tengo nada nuevo, solo tengo mi belleza y mi carisma —bromeo. — Vamos, solo mírate, nadie estará viendo si practicaste, sal y consigue muchos billetes —chocamos los cinco y subo las escaleras al escenario. El vitoreo de todos en el lugar es ensordecedor y concentrarse en el bullicio no es lo mejor, solo oigo la música. Sé lo que causo en el público, conozco mis virtudes, a veces aburre saber qué dirán, que no importa qué pase, siempre buscarán para proponerme miles de cosas. Lo fácil, no siempre es divertido. Estoy en busca de un reto, algo que le dé más adrenalina a mi vida, algo que me haga sentir viva otra vez, como lo hacía esto cuando apenas empecé a hacerlo. . Bailo un buen rato, la cantidad de dinero que avientan es increíble. Hombres, mujeres, todos son muy generosos. Termino mi turno y bajo del escenario, hay un encargado de juntar el dinero que cae al suelo y luego cada una recibe su parte. Voy por mis cosas para cambiarme, estoy aburrida, quizás me tome una copa y vea qué encuentro para que esta noche se vuelva prometedora. Salgo para caminar por el club, me pido un mojito. — ¿Te acompaño, linda? Quizás hasta me haces un baile privado —alguien se me acerca mientras estoy sentada en la barra. Me reconocen muy fácil. ¡Carajos! — No, gracias, no estoy en mi horario de trabajo —lanza una risa. — Vamos, un bailecito, probamos tu elasticidad —qué pesado. — No —me levanto alejándome a la zona de las mesas privadas. Siento varias miradas sobre mí, la atención me gusta, solo que estoy cansada de que siempre quieran un baile privado, que me busquen porque cogerse a la bailarina es cool. Estoy fastidiada, así de simple. Veo una mesa vacía al final del salón y me siento en el sillón del vip. Quizás estar sola es lo más divertido y emocionante hoy. — Está ocupado, señorita —jadeo y me volteo para notar que en el sillón circular justo en una esquina donde apenas da la luz, hay un hombre sentado con un vaso en su mano. — Lo siento, yo… — ¿Huyes? —se inclina a tomar la botella sobre la mesa y logro verlo bien. Castaño, barba, unos ojos azules muy llamativos acompañados de una mirada gentil y hasta diría triste. — Yo… nunca huyo, huir es de cobardes, nunca sería cobarde, solo… — ¿Quieres robarme la mesa? —lanzo una risa y me meto más dentro del centro del sillón. — Puedo robar lo que sea, tu atención, tus suspiros, tu corazón, menos una mesa —se ríe. — Qué graciosa, no puedes robar un corazón que no existe —no me mira y eso es extraño. ¿Por qué no me mira? Sus ojos están perdidos en ese vaso de licor que trae en su mano. — ¿Qué hay de tu atención? —de repente él llama mi atención porque no logro llamar la suya. — ¿Para qué una chica como tú querría mi atención? —me inclino sobre la mesa apoyando mis codos sobre ella. — Porque eres guapo y misterioso —una risa ronca sale de sus labios y qué sexy se me figura este hombre. — No lo soy, ninguna de las dos, solo… —sus ojos se posan en mí quedándose sin habla—. Dios, eres como un ángel, ¿vienes a llevarme al infierno por todos mis pecados? —sonrío ante su extraña reacción al observarme con detenimiento. — Creía que los ángeles te llevaban al cielo —solo me mira, pasó de no dirigirme la mirada a tener sus ojos fijos en mí. — También yo, solo que tú, te ves tan bien que está mal hasta mirarte, eres como la tentación y… debes marcharte, por favor, vete —enarco una ceja extrañada. — Me estás echando, eso no es educado —niega y no me mira. — Estoy muy ebrio y… —suspira y vuelve a mirarme—. Nunca vi una mujer tan hermosa como tú, miento, soy un mentiroso, sí la vi y eso es lo peor, que… eres tan hermosa, tan llamativa, necesito dejar de mirarte —sonrío, no tengo idea qué dice, solo sé que es muy lindo y acabo de decidir, que me voy con él o me voy con él. — ¿Por qué no nos vamos de aquí mejor y me miras más a detalle, con más luz? —niega. — No, no lo digas dos veces, verte a detalle, debe ser como… ¡No! Estoy divagando, es que yo… ha pasado tanto que, verte no ayuda, no ayuda nada. Tener a una chica así frente a mí, es un castigo, tú te ves joven y yo no soy joven, no lo soy… Dios santo, yo quiero ser bueno —me acerco más a él mordiendo mi labio inferior. Él tiene algo que es único, una ternura que me vuelve loca. Quiere ser bueno y yo también. — Yo soy una chica buena, muy buena y obediente, puedo ser buena contigo, arrodillarme frente a ti y ser una chica súper buena —pasa saliva y niega mientras abre su boca como un pez tartamudeando. Me muero, tartamudea, me vuelvo loca si me tartamudea mientras se la chupo. — Yo... no… no… pu.. puedo, tengo que irme, eres muy peligrosa y… y… he bebido mucho. ¿Entiendes? —pestañeo sin apartarle la vista. — También he bebido algunos shots de tequila y este mojito. No me molesta que hayas bebido, me agradas, todo lo que dices, suena bien. Yo invito, salgamos de aquí, dejemos de sufrir —se levanta sin dejar de verme, como si las palabras no le salieran. — Eres encantadora y hermosa, muy hermosa ¡Dios! Eres perfecta, tal como debes ser y no eres real, no puedes ser real, una chica linda no se acerca a un hombre como yo —se aleja y me quedo descolocada. Me encanta, él me encanta y no se va a escapar, como que me llamo Roma Bruno Duarte. ------------- Nota de autor: Conozcamos a Romita, ella tiene una personalidad llena de locura, no tiene vergüenza y acaba de conocer a un hombre que es todo lo que busca... ¿Qué pasará entre ellos? 🫣🫣Pov: Roma Bruno Duarte. Acabo de llegar a la universidad temprano con toda la intención de cruzarme a Chad y ver el panorama, me he quedado preocupada.Clarisa no puede entrarse así, no estamos listos para decirle, ella no puede saber de esto. Mi teléfono suena. A.C: Hola, pequeña, buen día, ¿Cómo estás? Yo estoy por llevar a Clari a la universidad, aunque no pueda mirarte, estaré imaginando lo hermosa que estarás. Ayer logré que se olvidara de Chad, él no tiene idea de mis preocupaciones, porque trate de que no las sienta. Mas si estoy preocupada, quizás no a propósito pero si Chad llega a decir cualquier cosa tonta frente a Clari. Me muero, no puedo ni pensar en eso. Yo: Buen día, cariño, estoy super, ya extrañándote, es que me gusto mucho estar contigo, es una pena que no pueda mirar, aunque lo haré con disimulo, lo siento pero a mi no me basta con imaginarte. Envío el mensaje con una sonrisa en mi rostro. — Romita, ¿Cómo estás? —me volteo y veo a Chad.— Chad… —sonrío fing
Abro mis ojos y sigo entre sus brazos, miro el reloj y apenas son las 4 de la mañana tenemos mucho tiempo aún para estar juntos. Me salgo de sus brazos con mucha dificultad y suspiro al verlo, sin embargo una enorme sonrisa se dibuja en mis labios.¿Así se siente el amor? Que hasta cuando duerme me hace suspirar. Voy a la ducha y me doy un baño de agua tibia, busco en mi mochila ropa que traje para estar cómoda y pido desayuno para que nos lo envíen al cuarto. Busco el control y si se pueden ver películas que no sean pornográficas, que alivio. Me siento en la cama junto a la chatarra que traje en mi mochila.— Adri… lo muevo un poco, despierta dormilón —se frota el rostro mientras me mira adormilado. — Pequeña, te duchaste sin mi —palmeo mi regazo para que se acueste sobre él. — Te veías lindo durmiendo, preparé todo para que veamos una película, pedí desayuno pero hasta que llegue tengo cositas para comer —se acerca y me besa suavemente. — Que buen plan, me gusta —se recuesta
Pov: Roma Bruno Duarte Abre la puerta y entro observando el hermoso lugar, este hotel es muy lindo. Eso ahora no es lo importante, lo que más me interesa es tener atención de mi hombre, mis muslos están empapados, necesito sentirlo, saciarme de él, que me haga suya. Camino por el lugar y sin rodeas me quito el vestido deslizándolo por mis caderas cae al suelo. — Pequeña… —no ha terminado de dejar sus cosas y eso no me detiene. Voy hasta una barra y me impulso con mis brazos a mis lados para subir apoyando mi trasero desnudo sobre el frío mármol. Sonríe de lado negando mientras se acerca a mí quitándose la camiseta y sus pantalones. — Eres tremenda, pequeña —sus boxer también desaparece y empalmado justo como me gusta. Me lo como con la mirada, es que lo que este hombre me gusta, no entiende de razones. Todo él me hace volverme la zorra más zorra de todas, la más sucia, la más morbosa. Su mirada intensa y azulada hace que me moje respirando con pesadez. Llega a mi relamiéndo
Pov: Adrián Cortés.Yo: ¿Qué hacías, pequeña? Hoy quiero llevarte a un lugar lindo, ¿Mañana tienes horario para volver? Miro el teléfono viendo que escribe, ansioso por leer su respuesta, mensajeamos todo el tiempo, no me he detenido a pensar si está bien, me gusta hacerlo, me tiene todo el día prendido al teléfono como un joven de 20 años. Roma: Aquí, estudiando un poco, mientras como dulces. *Foto* Me adjunta una foto suya tomada de frente donde se ve tiene una paleta en su boca, me detengo a ver cada detalle, sus ojos celestes adornados por sus pestañas maquilladas. Aprieto los labios y suspiro.Ella es muy linda, adoro cuando me manda fotos, solo que tengo solo una vez para verlas y se borran solas, es mejor, solo que a veces siento no las miro lo suficiente como para apreciar todo. Se ve linda y tierna en la foto, con el palito de la paleta asomándose por sus labios. Vuelvo al chat perdiendo ma oportunidad de ver la foto de nuevo y ya me llego otra, la abro y cubro mis ojos
Último capítulo