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Las puertas del ascensor privado se abrieron con un siseo silencioso, dejándola directamente en el vestíbulo del piso. El pasillo estaba completamente desierto, tal como Peter había prometido. El silencio era tan sepulcral que Alisson podía escuchar el latido frenético de su propio corazón resonando en sus oídos.

Peter se detuvo a unos pasos de la puerta del despacho presidencial, le hizo una leve reverencia y se retiró, dejándola sola frente al abismo. Alisson tomó una profunda bocanada de air
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