—Tranquila, Regina. Estoy bien, de verdad —la tranquilizó Alisson, ajustándose los puños de la blusa—. Solo fue un pequeño accidente en casa, nada grave. Me pondré hielo esta noche, te lo prometo.
Regina no pareció del todo convencida, pero asintió, dándole una palmada suave en el hombro antes de regresar a su escritorio. Alisson se sumergió en su trabajo, utilizando el diseño de la campaña como un escudo para bloquear los recuerdos de la noche anterior.
Esa noche, Alisson llegó a su departamen