La noticia corrió como pólvora por los pasillos de la compañía Fitzwilliam y en las redacciones de los tabloides más despiadados. Los titulares eran dagas venenosas: “¿Amor o Conspiración? La hija secreta de Santoro se infiltra en la cama de los Fitzwilliam”. En las redes sociales, los comentarios no daban tregua; acusaban a Alisson de ser una espía, una mujer ambiciosa enviada por Lorenzo para destruir desde adentro el imperio de Massimiliano.
Y, todo aquello no era más que obra de una Alessa