El mundo de Alisson se redujo a un zumbido ensordecedor. Las paredes del discreto café parecieron encogerse, y el rostro cínico de Brenda se desdibujó detrás de una cortina de lágrimas que se negaban a caer. La revelación no fue un golpe limpio; fue un veneno de acción lenta que le quemaba las venas.
Todo lo que había creído, el odio que había alimentado hacia un padre ausente, la sensación de abandono... todo había sido una mentira orquestada por la misma mujer que ahora le sonreía con malsana