Al día siguiente, el sol de mediodía brillaba sobre la ciudad, pero en el comedor de la agencia, el ambiente se sentía gris para Alisson. Estaba sentada en una pequeña mesa junto a los inmensos ventanales, removiendo la ensalada de su plato con el tenedor, sin probar bocado. Llevaba otra blusa de manga larga, meticulosamente abotonada para ocultar los vendajes de sus muñecas, y su mente estaba a años luz de allí. Pensaba en su departamento vacío, en el rostro cínico de su madre, en los cien mil