Aunque había luz en la mañana, todo se sentía gris y pesado. Sobre la mesa de mármol descansaba un sobre blanco, impoluto y frío. Ella lo miraba como si fuera una criatura peligrosa capaz de morderla. Lorenzo Santoro había recibido su copia esa misma hora, y ahora ella tenía la suya.
Sus manos temblaban tanto que tuvo que entrelazarlas. ¿Y si era verdad? ¿Y si toda su existencia cobraba un sentido que ella no quería aceptar? Massimiliano se acercó en silencio, colocando sus manos sobre los homb